16/08/2026 - Edición Nº503

Comunidad | 14 ago 2026

Una historia de cercanía

Luis Vivas, 32 años de medicina y una vida elegida para estar cerca de los pacientes de Roque Pérez

El doctor Luis Antonio Vivas pasó por Más Allá de Todo y compartió una charla en la que recorrió su infancia en nuestra ciudad, sus años de estudio en La Plata, el regreso al pueblo y más de tres décadas ejerciendo la medicina.


Por: redacción

Hay pacientes que llegan al consultorio por una gripe y terminan hablando de otra cosa. De un problema, una preocupación, algo que les pasa en la vida. Para el doctor Luis Antonio Vivas, ese momento también forma parte de atender.

En Roque Pérez lo conocen desde hace décadas. Lo saludan en la calle, le escriben durante un programa de streaming y recuerdan distintas etapas de su recorrido. Durante su paso por Más Allá de Todo, los mensajes se multiplicaron: “excelente profesional”, “mejor ser humano”, “siempre está cuando lo necesitamos”. El reconocimiento apareció una y otra vez, pero Vivas lo recibe con la misma tranquilidad con la que cuenta su historia.

Su vínculo con la medicina comenzó mucho antes de recibir el título. A los 13 años empezó a trabajar en una farmacia ubicada frente a la actual Escuela Técnica, junto a Perico Graciano. Era un trabajo y, al mismo tiempo, una primera aproximación a un mundo que ya tenía decidido integrar.

Porque desde chico repetía en su casa que quería ser médico. Su mamá fue una de las personas fundamentales para que pudiera concretar ese sueño, junto con sus hermanos y el acompañamiento de toda su familia. “Mi meta era estudiar”, contó. Y estudió.


Irse para poder volver

En 1987 se fue a La Plata para estudiar Medicina. Dejó el trabajo y se encontró con una ciudad completamente distinta a la de su pueblo. No había celulares, internet ni GPS. Para comunicarse con su familia había cartas y llamadas desde los pocos teléfonos disponibles.

Los fines de semana, alguno de los estudiantes que viajaba a Roque Pérez se convertía en una especie de correo comunitario. Todos le entregaban cartas y encomiendas con comida para sus compañeros. Después lo esperaban en la terminal para recibir cada paquete.

Vivas volvía al pueblo aproximadamente una vez por mes. No porque no extrañara, sino porque había aprendido que para estudiar necesitaba quedarse en La Plata, concentrado en ese objetivo.

La carrera tampoco fue sencilla. La economía era una preocupación permanente y atravesó los años de hiperinflación. Nunca trabajó mientras estudiaba porque sabía que eso podía prolongar todavía más una carrera que ya demandaba muchísimo tiempo. El sostén de su familia fue clave.

Después de recibirse hizo la residencia y, cuando tuvo la posibilidad, tomó una decisión que ya estaba presente desde antes de irse: volver.

“No bien pude, me vine para Roque Pérez”, recordó.

Y volvió para quedarse.


Un hospital con menos recursos, pero con mucho compañerismo

Cuando comenzó a trabajar en el hospital local, la realidad era muy distinta. Recuerda un lugar mucho más pequeño, con pocos equipos y una dinámica en la que buena parte de las herramientas dependían de los propios médicos: la lapicera, el termómetro, el estetoscopio.

Pero había algo que, según Vivas, marcaba la diferencia: el compañerismo.

Ante un accidente importante, no era extraño que todos los médicos y enfermeros que estaban disponibles se acercaran al hospital para colaborar. Cada uno sabía lo que significaba quedarse solo de guardia y, por eso, cuando uno necesitaba ayuda, los demás estaban.

“Nos gustaba que fuéramos todos a la vez para trabajar”, recordó.

Ese espíritu también atravesó una de las etapas más difíciles de su carrera: la pandemia de COVID-19. Trabajar frente al virus implicó miedo, incertidumbre y una exposición permanente. Pero también una sensación de equipo.

“Creo que estamos todos unidos, los médicos, y logramos sobrevivir”, contó sobre aquellos meses en los que el hospital de Roque Pérez recibió pacientes de toda la zona.


“Si ellos me esperaron a mí, yo tengo que esperarlos a ellos”

Quizás una de las frases que mejor explica su manera de ejercer la medicina apareció cuando habló de sus pacientes.

Vivas contó que, cuando llega al consultorio de guardia y encuentra personas esperándolo, las atiende. No importa cuánto tiempo haya pasado.

“Si ellos me esperaron a mí, yo tengo que esperarlos a ellos”, explicó.

No lo presenta como una fórmula ni como algo que alguien le enseñó. Lo define como parte de su manera de ser. Dice que siempre fue así y que todavía hoy sigue siendo el último que apaga la luz”.

En esa cercanía aparece también una de las particularidades de ejercer la medicina en un pueblo: el médico no termina su trabajo cuando sale del consultorio. Después puede encontrarse con sus pacientes en la calle, compartir una conversación o enterarse de cómo siguen.

Para Vivas, que un paciente salga conforme, agradecido o simplemente lo salude cuando lo cruza por Roque Pérez es una de las cosas más gratificantes de la profesión.


Una vida que también está fuera del consultorio

La charla mostró además al hombre detrás del médico. El que prefiere quedarse en su casa después de un día largo, tomar mate, té o café solo y tener un rato de tranquilidad. El que vive con tres perros y cocina para ellos. El que disfruta de la pileta, las películas y, especialmente, de prender el fuego.

También apareció el vínculo con sus sobrinas, a las que define como una parte fundamental de su vida, y su participación en actividades solidarias vinculadas al Hogar de Ancianos de Roque Pérez, donde suele colaborar en eventos y hasta ha terminado detrás de una caja para ayudar.
Después de tantos años, hay cosas que tampoco cambiaría. Su forma tranquila de ser. Su trabajo. Su manera de vincularse con las personas.

Y cuando llegó el momento de pensar en Roque Pérez, no habló de grandes fórmulas. Su deseo fue sencillo: que al pueblo le vaya bien, que haya trabajo y, sobre todo, que los vecinos no se peleen.

Antes de terminar, dejó una última receta. No era para curar una enfermedad.

Era para vivir un poco mejor: bajar los cambios, disfrutar, hacer lo que a uno le gusta y, cuando la vida lo permita, trabajar y disfrutar.

Después de casi 32 años de medicina, quizás esa sea también una manera de entender su propia historia: estudiar para volver, trabajar para quedarse y estar cerca de la gente que, desde hace décadas, lo reconoce simplemente como “el Doc”.

📺 La entrevista completa con el doctor Luis Antonio Vivas ya está disponible en el canal de YouTube de Metanoia, dentro del ciclo Más Allá de Todo.

 

 

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