Por: Redacción
Cuando Felipe Martini ganó una de las carreras más importantes de su carrera deportiva y volvió a Roque Pérez, no lo esperaba solamente su familia.
En la entrada del pueblo había vecinos, abrazos, banderas y mensajes de quienes siguieron la carrera desde distintos lugares del país. Para él fue una mezcla de alegría y vergüenza.
"Hay gente que se emociona y hasta llora por uno. Eso todavía me cuesta creer", contó durante su paso por Más Allá de Todo.
Quizá por eso, cada vez que compite, hay un detalle que nunca falta en su auto: el nombre de Roque Pérez ocupa un lugar visible en la trompa. Es su manera de llevar al pueblo a cada circuito del país.
Mucho antes de los campeonatos nacionales, Felipe era un chico que acompañaba a su papá a las carreras.
Con apenas cinco o seis años ya recorría los boxes y soñaba con algún día estar del otro lado.
"Siempre soñé con llegar a donde estoy... o un poco más", recordó.
Ese sueño hoy lo encuentra peleando los primeros puestos del Turismo Pista Clase 3, aunque asegura que nunca deja de mirar hacia adelante.
Una carrera dura apenas unos minutos, pero el trabajo empieza mucho antes.
Entrena todos los días, combina gimnasio con bicicleta y, antes de cada fecha, viaja a Buenos Aires para practicar en un simulador profesional que reproduce exactamente el circuito donde va a competir.
"Son herramientas que ayudan muchísimo", explicó.
Aunque el piloto sea quien se lleva todas las miradas, Felipe insiste en que una carrera nunca se gana solo.
Habla del ingeniero, de los mecánicos, del motorista y del trabajo que realiza cada integrante del equipo para que el auto llegue en las mejores condiciones.
"Para ganar tienen que coincidir todas las partes. El piloto, el auto y el equipo tienen que estar al cien por ciento."
La misma lógica aparece cuando habla de su familia.
Su papá, su mamá, sus hermanos y su novia Luz forman parte del camino desde hace años.
"Ellos hacen cualquier cosa para que yo pueda estar donde estoy."
Competir a nivel nacional también implica renuncias.
Hace varios años que el Día del Amigo lo encuentra lejos de Roque Pérez porque coincide con alguna fecha del campeonato.
Las reuniones, los cumpleaños y muchos fines de semana quedan del otro lado del calendario.
"No es fácil, pero es por algo que me gusta."
En el automovilismo, una victoria no siempre termina cuando cae la bandera a cuadros.
Felipe vivió situaciones en las que cruzó primero la meta y recién minutos después supo si realmente había ganado o si una sanción cambiaba el resultado.
También le tocó perder un campeonato.
Sin embargo, eligió acercarse a felicitar al rival.
"No todos hacen lo mismo, pero yo sentía que era lo que correspondía."
Para él, competir también significa respetar al otro, incluso en los momentos más difíciles.
Cada carrera termina con decenas de mensajes que llegan desde Roque Pérez.
Familiares, amigos y vecinos siguen cada fecha y hacen sentir el apoyo a la distancia.
"Siempre trato de responder, aunque cuando estoy corriendo tengo la cabeza puesta cien por ciento en la carrera."
Ese acompañamiento, asegura, es una de las cosas que más valora.
Antes de despedirse del programa, Felipe dejó un mensaje para quienes persiguen un sueño.
"Nunca hay que tirar la toalla. Aunque se haga muy difícil, siempre hay que seguir luchando por lo que uno quiere. La vida, tarde o temprano, da oportunidades y hay que estar preparado para aprovecharlas."
Su historia demuestra que los sueños no se construyen solamente con talento.
También hacen falta esfuerzo, personas que acompañen y un lugar al que siempre valga la pena volver.