Por: Lic. Agostina Martini
LA SUPLEMENTACIÓN EN TIEMPOS MODERNOS
Cuando la solución no viene en un frasco
Vivimos en una sociedad donde todo parece tener que resolverse rápido. Buscamos respuestas inmediatas, soluciones simples a problemas complejos y resultados visibles en pocos días. En este contexto, los suplementos parecen ofrecer exactamente lo que necesitamos: la posibilidad de mejorar nuestra salud agregando una cápsula, un polvo o un comprimido, sin modificar nuestra rutina.
Hoy es difícil entrar a una farmacia, una dietética, un gimnasio o simplemente recorrer las redes sociales sin encontrarse con algún suplemento que promete beneficios para la salud: más energía, aumentar las defensas, mejorar el descanso o incluso compensar una alimentación poco saludable. El mensaje parece ser siempre el mismo: necesitamos sumar algo más a nuestra rutina para estar más saludables.
Según el Código Alimentario Argentino (CAA), un suplemento dietario es un producto destinado a complementar la alimentación habitual, aportando determinados nutrientes, como vitaminas, minerales, proteínas, aminoácidos, fibra o hidratos de carbono, en personas sanas que presentan un aumento de sus requerimientos o que, por distintos motivos, no logran cubrirlos mediante la alimentación.
La palabra clave es complementar.
El objetivo de los suplementos no es reemplazar una alimentación equilibrada, compensar hábitos poco saludables ni tampoco la falta de descanso, la falta de actividad física o un inadecuado manejo del estrés, pilares fundamentales sobre los cuales se construye la salud.
Entonces, ¿todas las personas necesitan suplementarse?
La respuesta es no. Depende de cada persona, de su historia clínica, de su alimentación y de sus necesidades particulares.
En la mayoría de las personas sanas que llevan una alimentación variada y suficiente, los requerimientos nutricionales pueden cubrirse perfectamente a través de los alimentos. De hecho, los alimentos aportan mucho más que nutrientes aislados, ya que contienen fibra, antioxidantes y diversos compuestos bioactivos que actúan en conjunto y generan grandes beneficios para nuestra salud, difíciles de encontrar en los suplementos.
Existen, por supuesto, situaciones donde la suplementación sí está indicada y cuenta con evidencia científica. Es el caso del ácido fólico durante el embarazo; de la vitamina D o el hierro cuando existe una deficiencia comprobada mediante estudios; de la vitamina B12 en personas vegetarianas o veganas, o de determinadas patologías que dificultan la absorción de nutrientes. En estos casos, el suplemento deja de ser una moda y se convierte en una herramienta terapéutica.
El problema aparece cuando comenzamos a consumir suplementos sin una necesidad real, simplemente porque "hacen bien", porque alguien los recomendó en redes sociales o porque creemos que pueden compensar hábitos que sabemos que deberíamos mejorar.
Muchas veces esperamos que un suplemento nos dé la energía que nos quita dormir poco o que una vitamina compense una alimentación deficiente. Pero la realidad es que no existe una cápsula capaz de reemplazar una alimentación saludable, el movimiento diario o un buen descanso.
Los suplementos pueden ser grandes aliados cuando están correctamente indicados, pero no resuelven el origen del problema.
Esto tampoco significa demonizarlos. Significa darles el lugar que realmente les corresponde.
Además, los suplementos también pueden presentar riesgos si se utilizan de manera inadecuada, como la acumulación de determinados nutrientes en el organismo cuando existe un consumo excesivo o la interferencia con algunos medicamentos.
Por eso, quizás la pregunta que deberíamos hacernos no es: "¿Qué suplemento necesito?", sino: "¿Qué hábito necesito mejorar primero?"
Porque la base y el foco para mejorar nuestra salud deberían estar en trabajar para lograr una alimentación variada, el movimiento diario, un descanso nocturno adecuado, el manejo del estrés y otros hábitos que repetimos todos los días.
Más no siempre es mejor. Lo importante siempre es que las intervenciones sean indicadas por un profesional de la salud, sean efectivas, significativas y acordes a las necesidades de cada persona.
La salud, como suelo recordar en cada columna, se construye poco a poco con las decisiones que tomamos todos los días.
¡Nos vemos en la próxima columna!
Lic. en Nutrición Agostina Martini. MP 7343